La persistente lluvia que acompañó los días del mercado redujo en parte la afluencia de visitantes; aun así, fueron muchos los que se acercaron a La Adrada para disfrutar de este singular festejo organizado por el Ayuntamiento. Una vez más, las calles de la villa —engalanadas con estandartes, toldos arlequinados y banderolas multicolores— se transformaron en un escenario plenamente medieval.
A pesar de los chaparrones, que concedían treguas breves pero muy celebradas, el bullicio no tardaba en renacer. Artesanos, músicos, juglares, danzarinas, arqueros, malabaristas y comediantes devolvían la vida al mercado en cuanto el cielo lo permitía, manteniendo viva y animada la XI edición de esta cita ya imprescindible.
La oferta gastronómica seducía a los paseantes con el aroma del humo de las parrillas: dulces artesanales, quesos, empanadas y todo tipo de asados invitaban a probar alguno de los contundentes manjares. Junto a ellos, tenderetes de artesanía, bisutería, jabones, libros y plantas medicinales completaban un recorrido variado y siempre concurrido.
Los más pequeños disfrutaron sin descanso entre juegos y talleres, la barca, el tiovivo y los tranquilos paseos sobre los dóciles borriquitos, que se convirtieron en uno de los grandes atractivos familiares.
No faltaron los tradicionales espectáculos de animación: pasacalles, danzas orientales, talleres de tiro con arco y de esgrima, conciertos de madrigales y demostraciones de cetrería. Las representaciones teatrales, con una espectacular ambientación escénica a cargo de La Fragua de Vulcano —empresa pionera y de gran prestigio en recreaciones históricas— aportaron un sello de calidad que el público supo apreciar.
La Adrada vivió un ambiente vibrante gracias a los visitantes que, pese a los aguaceros intermitentes, no quisieron perderse la cita. En los dos últimos días, la afluencia fue tal que en algunos momentos resultaba casi imposible transitar por las calles del mercado.
Y es que, luzca el sol o caiga la lluvia, este mercado demuestra año tras año su excelente salud. El entusiasmo de los vecinos y el esfuerzo del Ayuntamiento logran que el Mercado Medieval de La Adrada siga siendo auténtico, divertido y uno de los más destacados de toda la región.