Poetas, Tinieblas y Viernes Santo 2026
Tres poemas de Julio Escribano Hernández
la belleza o la apuntala
cual albañil o arquitecto
en la tierra castellana.
En ella cerros testigos,
cubiertos de fría escarcha,
pulsarán sonoras cuerdas
en las silenciosas arpas.
Pajarillos ateridos,
cobijados en las ramas
de los árboles desnudos
donde los hielos descansan.
Es Navidad en Castilla
con belleza derribada
que necesita albañiles
para apuntalar la casa,
restaurando los encantos
de las espigas doradas
cantadas por los poetas,
alarifes de alborada.
“Sobre mí siembro noche”, dijo el poeta
y la elegía brotó en su alma…
Habló de Venus, de amores
y redobles de campana,
huérfana de clamores,
con sentires en vértices de lágrima,
que apagan la luz en los ojos
sin esperar nacimientos
ni la alegría del beso,
lazarillo que ignora la pena.
Viernes santo del silencio
derramado en las palabras,
que guardan siete mensajes
en cruces que se levantan.
Nos descubren el perdón
y la más grata esperanza
con soledad de una madre
en la vida arrebatada.
También con ansia de sed
ante un salmo de alabanza,
recuerdo de amor y luz
a Dios-padre confiada…
Todo consumado está:
la cruz vacía se alza,
se meditan las promesas
en el silencio del alma.
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