Rutas de los Amigos de La Adrada

Elaboradas por Conchi Roldán y Juan Luis Calzado.

    Por las Juntas

    El paraje de «Las juntas», para muchos la parte del valle más bonita de La Adrada, es muy conocido por los habitantes del pueblo pero no tanto por los visitantes, especialmente el camino de la izquierda.

    Una mañana de verano, hicimos esta ruta algunos miembros de la Asociación, entre ellos, José Berlinches. Gracias a él conocimos el nombre de los prados y cada una de las peculiaridades del camino, y aprendimos a disfrutar de cada piedra, cada recodo y cada planta.

    Al puente romano de Sartajada

    Esta excursión la realizamos un día precioso de primavera por iniciativa de Axel Mahlau, presidente de la asociación.  Salimos en coche desde La Adrada a Sartajada pasando por La Iglesuela.

    Visitamos Sartajada: Es un pueblo pequeño en un entorno envidiable y con una bonita iglesia; cuenta con una afamada tradición alfarera. Nosotros visitamos la alfarería de los hermanos Fernández, que ha recogido toda la tradición y tiene un encanto especial por las piezas que elaboran y por la casa en la que está ubicada.

      Al cerro San Vicente

      Si tenemos la suerte de hacer la excursión un día laborable (los festivos acuden muchos curiosos al lugar) y despejado, nos daremos cuenta de lo mágico de este lugar en el cuál y según la tradición, el caudillo Viriato encontró la muerte a manos de sus compañeros Audaz, Minuro y Ditalkon, allá por el año 140 antes de Cristo. 

      Por las dehesas

      Iniciamos el paseo en la plaza del Ayuntamiento. Dejando éste a nuestras espaldas, tomamos la Calle Larga, en la que podemos ir admirando las casas blasonadas del pueblo y que nos conducirá a las afueras del casco urbano en dirección sur. Al terminar la calle, continúa un camino asfaltado con algunas casas a ambos lados, huertas y algunos olivos. El camino desciende suavemente y a nuestra derecha encontraremos un pilón adosado a una pared alta de piedra. Frente al pilón, al lado izquierdo del camino, se puede observar la base derruida de lo que en su día fue la Ermita de la Sangre.

      Al Aprisquillo

      Se trata de un soberbio ejemplar de la variedad denominada “cascalvo”, de corteza blancuzca, con una circunferencia en su base de 5,90 metros y de unos 25 de altura. Un pequeño arroyo de aguas cristalinas, procedente de alguna de las gargantas de la montaña, serpentea a sus pies refrescando el lugar. Sentados en una de las piedras que hay al pie del pino, apagamos la sed y reponemos las fuerzas, mientras observamos el vuelo de un buitre en el cielo… ¡Momento mágico!

      Ocho rutas más...

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