Nocturna romería de primavera
Por Julio Escribano
Si aquel cadáver hablara
en la negra romería
de Úbeda a Segovia
mil historias contaría
de calzados y descalzos,
de sus amigos y espías
en Ávila y en Toledo,
y entenderlas pretendían
don Quijote y su Sancho
en aquella travesía.
Dejaron la pierna en Úbeda
cortada sin maestría
y regalaron la mano
como reliquia divina
al templo de los calzados
donde terminó sus días.
No entendía don Quijote
aquello que le decían,
ni las palabras de Sancho
reprendiendo su osadía
al detener en la noche
tan singular comitiva,
iluminando un cadáver
con antorchas encendidas.
El bachiller don Alonso
algún dedo repartía
del fraile de Fontiveros
a las monjas carmelitas
que lo tenían por santo
en las tierras de Castilla.
En Segovia descansó
y aún su palabra brilla
entre los frailes descalzos,
que lo admiran y eternizan
en su sepulcro dorado
de la celestial capilla,
donde oraba doña Ana
al conocer la agonía
de su santo entre calzados
entragándoles su vida.
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