Breve recorrido por la villa

Pasear tranquilamente por esta villa situada en la falda de la Sierra de Gredos a 11 km del nacimiento del río Tiétar, disfrutando de los bellos rincones que en nuestro recorrido podamos descubrir, será quizá la mejor forma de conocer esta bella localidad, que goza de un entorno privilegiado en el corazón del Valle del Tiétar y del agradable microclima de esta zona conocida como «La Andalucía de Ávila».

La Plaza del Riñón
Esta pequeña plaza arbolada de gran valor ambiental, que es un punto de encuentro y lugar de reunión, va a ser nuestro posición de partida para un paseo virtual por el pueblo. Dispone de una fuente con un estanque en forma de riñón y de ahí viene el nombre con el que popularmente se la conoce.

La Niña de La Adrada y El gato
Esculturas, la primera en bronce y la segunda en hierro fundido, del escultor Luis Arencibia, donada por el artista al pueblo de La Adrada.


La Calle la Feria y La Casa del Tío Talís
En la calle la Feria, nos encontramos con una construcción que de seguro nos llamará poderosamente la atención por su sencillez y hermosura. Este edificio de planta irregular, acabado con piedra natural y teja cerámica, consta de dos plantas y buhardilla. Es el mejor ejemplo de la arquitectura tradicional en el pueblo. Sin duda alguna, una bella casa y una fotografía obligada de muchísimos visitantes.

Ayuntamiento
La tonalidad de la piedra de este edificio construido a finales del siglo dieciocho, con balcón, campanario y torre, hace resaltar el color azul del cielo y el relajante verdor de la montaña.

La Plaza
Con fuente del siglo diecinueve, que chorrea agua limpia y fresca de la sierra por sus cuatro caños, fue en otros tiempos mercado, cine, corral de comedias y plaza de toros. Hoy es lugar de encuentro, paseo y baile en las fiestas.

El grupo Alfoz de La Adrada, en una de sus actuaciones en La Plaza


El árbol

Así reza el cartel:
El árbol de la Plaza de La Adrada es una Melia, cuyo nombre científico es «Melia azedarach». Nuestra querida querida Melia es actualmente un árbol viejo; por eso debemos cuidarlo procurando no herir su corteza ni contaminar la tierra que acoge sus raíces; es de hoja caduca y el tronco está cubierto de una corteza pardo grisácea con el fondo de pequeñas grietas ligeramente anaranjado. La copa poco densa es de forma redondeada y está constituida por ramillas frágiles de corteza verde. De ellas brotan las grandes hojas que pueden ser simples o doblemente compuestas. Es importante no confundir las hojas con las hojuelas que las componen y que miden entre dos y cuatro centímetros, son de forma ovalada y el margen aserrado con dientes irregulares. Todas penden de largos rabillos y son de color verde oscuro. Las flores aparecen de mayo a junio, son pequeñas y su color va del azul claro al lila; se agrupan en racimos y desprenden un olor agradable, al contrario que los frutos que no huelen muy bien. Dichos frutos se agrupan en racimos y tienen el aspecto de gruesos gigantes, primero verdes y más tarde amarillos; son tóxicos y con ellos se han confeccionado diversos productos insecticidas entre ellos lociones contra los piojos.

La Melia es un árbol resistente tanto a sequías como a heladas, pero no es demasiado longevo, pudiendo alcanzar alrededor de un siglo de vida. Su lugar de origen es amplio y se reparte entre Siria, Irán y China. La madera de Melia es de buena calidad, recordando por su color a la de la lujosa caoba a cuya familia pertenece y da nombre (Meliáceas). La gran difusión de la Melia por el mundo, se debe a su valor ornamental, pero no debemos olvidar que es un árbol sagrado en su tierra de origen y que en muchos lugares de Europa, entre ellos España, los huesos de los frutos servían para confeccionar rosarios.
Las Escalerillas
Desde la plaza, subiremos por estas escaleras… las Escalerillas. Calle con construcciones tradicionales de piedra natural, enfoscado, teja, cerámica y carpintería de madera, que nos conduce a «El Torrejón», barrio típico de La Adrada, y mirador desde donde se pueden divisar pintorescas y maravillosas vistas.

El Castillo
Prosiguiendo nuestro camino desde el Torrejón llegamos hasta el Castillo de La Adrada, situado en lo alto de una colina y resconstruido en 2002 sobre las ruinas de una antigua fortaleza que fue estancia temporal de Enrique III, Juan II, Enrique IV y Reyes Católicos. La restauración pudo realizarse gracias a su cesión al Ayuntamiento de La Adrada por parte de la familia García Moreno, sus antiguos propietarios, y al impulso de varias instituciones que lo han transformado en el Centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar.

El mercadillo
Los martes y viernes en las cercanías de La Plaza del Riñón.

(Fotos de Mª Carmen Gil)

La Taberna Museo
Ha sido durante muchísimos años un lugar emblemático para hacer un alto en el camino, beber un buen vaso de recio vino tinto y saborear alguna tapa típica de la zona. En la «Taberna Museo» (anteriormente La Casa del Tío Pedrón), con rústico ambiente de típica taberna castellana, se podía degustar una rica comida casera, y naturalmente tomar el aperitivo deleitando el paladar con sus famosísimas y apetitosas «patatas revolconas» que muchos recordaremos. En este restaurante familiar Tere y Emilio lograron cautivar durante décadas a los paladares más contundentes con los platos más tradicionales de la comida castellana. Hoy en día, sin barra de bar, La Taberna Museo prepara comidas de encargo para llevar, o para comer en el comedor de la taberna.

La Calle Larga y la Casa de Los Jerónimos
Calle señorial, con los edificios de mayor valor arquitectónico de la población. Forma una unidad a nivel compositivo en casi todo su trazado. Durante siglos, la vía principal del pueblo en donde se encuentran la mayoría de las casas blasonadas de la localidad. Comienza esta vía con esta casa del siglo dieciséis que perteneció a los frailes Jerónimos del Escorial. Su escudo representa la parrilla del martirio de San Lorenzo.

La Iglesia
En el interior de la iglesia, podremos contemplar un retablo de estilo barroco churrigueresco con seis columnas salomónicas, donde destacan las figuras de El Salvador y de San Blas.
Templo de clara influencia Herreriana, cuya construcción se comenzó a mediados del siglo dieciseis bajo la dirección de Pedro de Tolosa, aparejador de las obras del Escorial.

La Ermita de la Virgen de la Yedra
Sencilla ermita, magníficamente restaurada gracias a la contribución de los vecinos de La Adrada, que está ubicada en el parque de La Nava y en cuyo interior se guarda la imagen de la Virgen de la Yedra, patrona de La Adrada. Quizás fue el segundo templo de La Adrada, después de la iglesia del castillo, y su construcción comenzaría en el siglo dieciseis sobre unas ruinas cubiertas de hiedra, en el lugar en que una antigua imagen de una Virgen que se veneraba en la abadía de Burgohondo, según la tradición, se apareció misteriosamente sobre un muro cubierto de hiedra a su sacristán de paso por La Adrada, allá por el siglo trece. También y siempre según la tradición, se sabe que a pesar de que la imagen fue devuelta en varias ocasiones a la abadía de donde procedía, la Virgen regresaba de nuevo a la Yedra. Estos sucesos convencieron a los adradenses para que la Virgen se quedara para siempre en La Adrada y fuera su patrona.

Foto de Elena Mendoza

Foto de Elena Mendoza

Calles y paisajes
Siempre será placentero deambular por calles y rincones de La Adrada disfrutando de la belleza que al fondo ofrece la sierra, recordando aquello que decía el escritor y filólogo chino Lin Yutang, «La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad de la persona que lo mira».

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