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Por Luis Jonás VEGAS VELASCO
“Nadie puede bañarse dos veces en el mismo Río, porque ni el que se baña es el mismo, ni las aguas tampoco”.
Ateniéndonos una vez más a los Presocráticos, esa magnífica escuela del saber que desde hace más de veinticinco siglos ilumina el camino de nuestras Sociedades, y a la que todavía hoy le queda mucho por brillar; la única conclusión válida de todo procedimiento humano, lo único en definitiva que nos diferencia del resto de las especies de la Naturaleza es precisamente nuestra ingente capacidad para cuestionarnos sobre nosotros mismos, y sobre nuestra condición diferenciadora, la esencia en definitiva de la condición humana.
No se trata ya de saber qué somos, tampoco de cuestionarnos porqué somos lo que somos. Es tan sólo adquirir plena conciencia de que somos, y disfrutar de ese hecho tan maravilloso por lo exclusivo.
Sin embargo, y retomando la entradilla que a modo de resumen preside siempre cada uno de nuestros artículos, hemos de aceptar que, innegablemente, todo corre, todo fluye, está …” en constante devenir”. Entonces, ¿cabe alguna esperanza de encontrar una certeza, una esencia que nos aclare algo en este intrincado proceso que es el autoanálisis aplicado a la propia concepción vitalista.?
La pregunta, en sí, ya está contestada, ya que el mero hecho de que seamos las únicas criaturas competentes para formularla, encierra en sí misma esa esencia. Somos Humanos, somos personas, somos diferentes, Biología, Ética y Estética, líneas básicas de nuestro pensamiento fundamental, unidas en una definición bella por lo escueta, creo que no está nada mal.
Con todo, abandonar aquí el proceso sería poco elegante, además de constituir una traición al objetivo fundamental que encierra la sucesión de artículos agrupados en la serie Los Pilares de la Tierra. Las diferencias ya las conocemos, son evidentes para cualquier observador que realice su labor de manera atenta. Entonces: ¿ Cabe la posibilidad de encontrar alguna norma, algún patrón que se encuentre presente y en la base de todo acto impulsado por la inteligencia humana.? Creemos sinceramente que sí, que existe, que si duda hay un sello, una impronta que haga que, al igual que como Julián Marías afirmaba: “…todo español, en cualquier época y lugar, es competente para identificar a otro español sin dudarlo”, de forma parecida e hipotética, todo Humano pueda identificar un acto como humano, se produzca, repito hipotéticamente, en las condiciones que se produzca.
La razón de la certeza, aparece en la base de todos los artículos de la serie: Economía, Sociedad, Política y Religión, son elementos de análisis que aparecen de manera inalterable, que no alejados de la impronta evolutiva, en todos los actos y procederes ejecutados por el Hombre desde que la voluntad preside sus actos. Inalterables en esencia, hasta el punto de que, en vez de ser definidos por el Hombre, ellos integran parte fundamental de la definición de él mismo, como creo hemos demostrado.
La Economía: encarna la posición del Ser Humano frente a lo que le rodea, tanto Natural, como Artificialmente.
La Religión: una de las mayores paradojas, y por ello una de las cosas más grandes que el Hombre tiene, ya que encarna precisamente la excusa de éste para enfrentarse con aquello que aparentemente trasciende, y que por ello no tiene representación física.
La Política: esa gran muestra de evolución, ya que si bien hay animales con competencias gregarias para la organización, ninguno es en realidad consciente de su posición, y del papel moral que lleva aparejado.
La Sociedad: El gran ente, que todo lo encierra, y que en la soledad de la noche moral, es la única capaz de quitarnos el miedo a lo desconocido, al dividirlo entre todos, lo hace más pequeño.
Economía, Sociedad, Política y Religión son patrones de definición. No son los únicos, ni siquiera los más importantes, solamente están ahí.
LUIS JONÁS VEGAS
La Adrada, julio de 2005

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