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Por Luis Jonás VEGAS VELASCO
“Vengo para anunciar a los hombres. Yo no he venido a matar a Dios, yo he venido a decir que el Dios de los hombres ha muerto.”
De esta guisa se expresa en El Anticristo la que a la larga será una de las mayores dificultades con las que habrá de enfrentarse el hombre moderno, el intento de conciliar su condición de animal pensante, con su faceta de ente espiritualmente competente. Todo ello sumergido en la época de mayor avance y desarrollo científico-tecnológico.
Cómo conciliar en una Sociedad que día a día lucha con ahínco por ser autosuficiente, ese desmedido afán que algunos vuelven a desempolvar de mostrar la aparente falta de seguridad del hombre a la hora de enfrentarse a problemas los cuales no lo olvidemos, atañen de manera exclusiva al propio hombre.
Ya el Humanismo del Siglo XVI ponía de manifiesto el problema: La Religión se justifica en lo indefinible de la Fe, pero se ampara en lo arbitrario de la Creencia. No hay nada más demoledor para el argumento de la Ciencia, que la falta absoluta de argumentos que cimenta cualquier axioma religioso. En definitiva, la Religión es el antagonismo de la Ciencia, impide su desarrollo, bien es cierto que en unas épocas con más fuerza y beneplácito que en otras, y en definitiva impide el desarrollo armónico y generalizado del Hombre, y con él de su expresión Social.
La Filosofía siempre tuvo clara este antagonismo, y sobre todo vio cristalinamente los atajos y vericuetos necesarios para escapar de la quema no siempre metafórica, que de la lucha entre semejantes Titanes se derivaría. Para ello, genera toda una teoría, el Raciovitalismo, encaminada de manera indisoluble a disimular estas terribles diferencias en medio de intrincados procedimientos mentales, y entre engorrosos procedimientos de inducción, o de ascenso si se prefiere. Pero al final, y por encima de paños calientes, lo único que tenemos es un hombre sólo, que se enfrenta a sí mismo en un intento desesperado de conocerse, y para ello elige el peor camino posible, alejarse de sí mismo, en pos de un ente extracorpóreo.
Con el tiempo, el ente toma vida, y adquiere conciencia de sí mismo. Se revela contra su creador, el hombre, y lo subyuga de manera definitiva a sus órdenes bajo un imperativo nuevo y por ello terrible, cual es el de asumir bajo su protectorado el papel de maestro censor de la moral y la ética.
El desastre se produce, el hombre confunde el camino, y en lugar de mirar en horizontal hacia e horizonte prometedor, se entretiene burdamente mirando en vertical, hacia arriba, y claro, tropieza continuamente contra los obstáculos reales que jalonan el único camino que nos es evidente a todos, el camino real, con sus miserias, el polvo, y son sus bellezas, las que nos proporciona encontrarnos a diario con nuestros semejantes.
El resultado es evidente, para cualquiera que mire. Un solo segundo utilizado en valorar estructuras metafísicas, es un segundo perdido que podíamos haber utilizado en el mundo real. Aunque, a pesar de la Creencia, Primera Certeza Absoluta, Primera Verdad Universal, Podemos ser en verdad libres, incluso para elegir la esclavitud.
Luis Jonás VEGAS.
La Adrada, marzo de 2005.

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