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RETOS SOCIOPOLÍTICOS DE LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA
Conferencia del Prof. Dr. D. Justo BOLEKIA BOLEKÁ de la Universidad de Salamanca, durante las jornadas de La Primavera Cultural de La Adrada 2007
Pretender convencerse de que existen etnias o pueblos genéticamente homogéneos es ignorar nuestros propios orígenes. Hoy los científicos nos dicen que el hombre y el chimpancé comparten un 95% de genes. Incluso entre el hombre y el ratón comparten un alto porcentaje de genes. ¡Y cuánto más entre un hombre y otro, o entre una persona y otra, aunque una sea “nacional” y otra sea “no nacional o inmigrante”!.
El Estado del bienestar del que estamos todos acostumbrados, y al que ya no podemos renunciar, se asienta actualmente sobre los pilares de la Inmigración.
Este Estado, por medio de su aparato de la Seguridad Social, mide regularmente el bienestar de sus ciudadanos y reconoce la aportación de estos nuevos vecinos llegados de muchas partes de este planeta.
Cuando la prensa insiste en que las cuentas de la Seguridad Social están ya saneadas, lo hace basándose en los datos ofrecidos por el Gobierno, cualquiera que sea su ideología. Esta Seguridad Social recauda las cuotas tanto de los trabajadores dependientes como los autónomos sin hacer distingos, y con este dinero garantiza no solamente las pensiones de sus jubilados, sino el bienestar de todos.
Pero hemos venido aquí para hablar de los Retos Sociopolíticos de la Inmigración. Para ello empezaremos hablando de las figuras o protagonistas de este fenómeno de la Inmigración.

Los protagonistas del paisaje inmigranteado:
1. Los Estados. Son los reguladores y controladores del flujo migratorio, y lo hacen mediante leyes y normas de obligado cumplimiento. Utilizan métodos coercitivos para lograr su objetivo. Para ello se valen de sus agentes: la Policía, los Organismos locales y regionales, las ONGs, el Voluntariado, la Iglesia, etc.). El Estado español regula políticamente el flujo migratorio como forma de evitar agresiones contre el otro. Esta regulación promueve o bien la integración, o bien la asimilación, pudiendo esta última considerarse más bien una fagocitación o anulación, a medio y largo plazo, de la identidad del Inmigrante.
2. Los Medios de Comunicación. Éstos actúan como instrumentos demonizantes, y en lugar de formar y preparar a esta sociedad receptora, la convierten en la reproductora de la violencia estructural implícita de la que son objeto estos inmigrantes buscadores, primero, de sus ancestros mentales y, segundo, de esa vida que les niega su espacio demonizado y empobrecido).
3. Los Actores Económicos. Se trata de los Bancos, las Empresas, las pequeñas tientas, etc.). El volumen de dinero que envían los inmigrantes a sus países asciende a más de 60 millones de euros al año. Este dinero llegaba a su destino mediante las empresas dedicadas a ello, tanto las grandes (como la Western) como las pequeñas (los locutorios adheridos a algunas empresas que envían dinero). Sin embargo los Bancos y las Cajas han optado por participar en este pastel, concediendo créditos para la adquisición de viviendas, coches, facilidades para el envío de dinero, etc. No faltan aquellas empresas que quieren aprovechar la situación de los inmigrantes para su inmediato lucro.
4. Los Inmigrantes. Éstos están distribuidos según su procedencia. Proceden de la Europa del Este, de Latinoamérica, de África, de algunos países asiáticos, etc. El Inmigrante es una persona con sus vicios y virtudes. Cuando llega aquí suele hacerlo con su acervo cultural y con su programa mental ya definido. Entre los Inmigrantes encontramos profesionales cualificados. Pero también encontramos delincuentes profesionales que aprovechan las ventajas de este Estado del bienestar y escrupulosamente respetuoso con los derechos humanos para cometer sus fechorías. Y el Estado responde con más policías, más control (aeropuertos, agencias de viajes, bancos, cámaras ocultas, supermercados –con la tarjeta de la fidelización-, etc.).
5. La Sociedad de Acogida. Está representada por los ciudadanos y sus organizaciones: ONGs, Asociaciones de Vecinos, la parroquia del barrio, etc. La inmigración ha producido cambios en el paisaje urbano y rural en muchos aspectos. Podemos mencionar la educación (con escuelas rurales reabiertas, aulas con mayoría de alumnos inmigrantes, proliferación de expertos en Inmigración o Interculturalidad a raíz de los másters que ofertan las universidades, etc.), la demografía (el Estado, a través de su Instituto Nacional de Estadística, dice que la llegada de Inmigrantes ha aumentado el número de la población del país. Pero los autóctonos consideran el fenómeno inmigrante como sinónimo de inundación demográfica y violación del espacio sagrado del individuo).
Derechos del Inmigrante:
Como ciudadanos productores, disfrutarán de los mismos derechos que los ciudadanos autóctonos. Estoy hablando de la Sanidad, la Asistencia Jurídica, la Vivienda, el Trabajo, etc. Esto entra dentro de los compromisos que España tiene adquiridos y firmados, como la Carta de los Derechos Humanos y de los Ciudadanos. Por consiguiente, cualquiera que sea la procedencia del Inmigrante, éste tendrá todo el derecho a disfrutar de aquello que no tiene en su país.
Veto a la Inmigración:
Pero aunque todo parezca bueno y ventajoso para el nuevo vecino, debemos señalar el fenómeno de la invisibilización del inmigrante en los siguientes espacios:
1. Poderes del Estado Central. Fue una excepción que hubiese un Director General de la Inmigración en el País Vasco, o un Secretario de Estado en Francia, siendo Primera Ministra Edith Cresson.
2. Poderes Regionales (ausencia total del Inmigrante).
3. Poderes Locales (concejales: ayuntamiento de Getafe, Córdoba, etc.).
Hemos de indicar que estos africanos o sudamericanos son ciudadanos españoles con pleno derecho. Si no fuese por el color o por sus rasgos físicos, podríamos no hablar de ellos.
Por necesidades del contexto sociopolítico, tendremos que ir acostumbrándonos a ver inmigrantes entre los efectivos de los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado, siempre y cuándo cumplan los requisitos necesarios para acceder a estas plazas. Actualmente hay presencia de inmigrantes en las Fuerzas Armadas (Ejército, Legión, Guardia Civil, etc.).
Todos los protagonistas de la inmigración deben saber responder ante este fenómeno. Una cosa sí es cierta. El Estado necesita a los inmigrantes para rejuvenecer a la población. No olvidemos que España figura entre los países que tendrán el mayor índice de envejecimiento de aquí a poco. Los Bancos necesitan a los inmigrantes para controlar sus ingresos. Y la sociedad necesita a estos inmigrantes por muchas razones: cuidado de niños y ancianos, revitalización de barrios, etc. Pero los inmigrantes necesitan a todos ellos por muchas razones.
En primer lugar, los Estados del bienestar deben promover seriamente políticas de desarrollo en los países productores de la inmigración. Tenemos que empezar a hablar de Escuelas de Buen Gobierno, o de asignaturas en las que se trate el tema de cómo gobernar bien y garantizar los derechos del individuo.
En segundo lugar, las relaciones bilaterales no deben centrarse en la legitimación, protección y enriquecimiento fraudulento de los gobernantes de los países en permanentes vías de desarrollo. En tercer lugar, debe evitarse la ruptura entre los Estados principiantes y sus sociedades civiles. Estas últimas deben disponer de todos los mecanismos necesarios para frenar los excesos de poder que caracterizan a sus gobernantes. Muchas veces, sus actuaciones suelen ser conocidas por la tan cacareada comunidad internacional, pero no ésta no suele tomar represalias, sencillamente porque sus intereses no corren peligro. Aquí me refiero a los intereses del G-8, o de los países que tienen derecho a veto en la ONU.
Todo esto se puede hacer. No es algo imposible. Es cuestión de intereses y prioridades. Y la prioridad de los Estados del bienestar es seguir garantizando a sus ciudadanos este “derecho” a la opulencia, como si no existieran carencias. Los países productores de la inmigración generan grandes recursos para que los Estados del bienestar mantengan sus PIB y sus rentas per cápita. Empiezo a sospechar que no interesa corregir las deficiencias de los Estados de la inmigración. Al igual que en su día se echó mano de la esclavitud, hoy se promueve y recurre a la inmigración por razones socioeconómicas.
Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. Dentro de veinticinco años, los hijos de los inmigrantes serán “nacionales”, pero de octava categoría, por decir algo. Se haga lo que se haga, se hable de integración, asimilación, fagocitación, etc., España será lo que siempre fue, es decir, un crisol de civilizaciones, etnias, culturas, etc.
Muchas gracias a todos.
Prof. Dr. D. Justo BOLEKIA BOLEKÁ
Universidad de Salamanca

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