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Por Luis Jonás Vega y Velascopara La Adrada.net

En estas fechas tan históricamente transcendentales, cuando a día de hoy recordamos que hace no tanto, apenas sesenta años, los hombres denigrábamos nuestra condición de persona y de Ser Humano permitiendo, por acción o por omisión debacles morales como los ocurridos en Auswitcht, todos, de una manera o de otra, deberíamos sentirnos más involucrados en procesos históricos como el que se nos viene encima el próximo día 20 de febrero.
Cuando en 1953, apenas ocho años después de que Europa se desangrara en la Guerra más fratricida que el Ser Humano recuerda y esperemos que sea incapaz de volver a imaginar; esos mismos países, se unían en lo que se dio en llamar la C.E.C.A. ( Confederación Europea del Carbón y del Acero.) Aquel primer ejercicio de entendimiento y unión, aunque con un marcado sentido económico, debe ser entendido en lo que vale, ya que sin duda puso los cimientos de lo que el BENELUX primero y los Acuerdos de Roma después cimentarían lo que hace no mucho MAASTRICHT cerró definitivamente; Una Europa en la que los países y los Estados hacen de sus diferencias motivo de comprensión y de aprendizaje, jamás de enfrentamiento ni de imposición.
No se trata ya de pedir el voto a favor ni el voto en contra. Se trata de disfrutar en sí mismo de un hecho históricamente abrumador. Estamos construyendo la Europa Social, la Europa de todos. Una Europa en la que todos tenemos algo que decir, y por ello nos lo preguntan directamente.
Y es que, no lo dudemos, más allá del resultado que pueda salir del referéndum del próximo 20 de febrero, su mera existencia, el mero hecho de que en apenas sesenta años la misma Europa que se desangraba internamente resurja hoy cual ave Fénix dando una réplica democrática a este mundo en el que George W.Bush y/o Dios campan por sus designios como los Jinetes del Apocalipsis, es cuando todos, absolutamente todos, hemos de exigir abiertamente nuestro derecho a jugar un papel en este inmenso teatro que es la Sociedad que nos ha tocado vivir. No dejemos que nadie juegue interesadamente por nosotros nuestro papel.
Santiago Carrillo decía, preguntado en 1980 a propósito de la Constitución Española, que la constitución en sí no le satisfacía en absoluto, y que sin embargo pedía el voto a favor de la misma porque iba a ser el único instrumento que igualaría y definiría el marco de la lucha democrática. Por ello, aquellos que menos satisfechos se encontraban en ella serían los mismos que luego deberían defenderla con más aplomo.
Hagamos una Gran Fiesta Democrática a partir del compromiso y de la responsabilidad que cada uno de nosotros atesoramos, y que Europa tiemble de nuevo, ahora bajo el argumento definitivo de los votos y de las voluntades ciudadanas.
Luis Jonás VEGA VELASCO
La Adrada 2005

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