Breve recorrido
Pasear tranquilamente por la calles de esta villa de unos 2000 habitantes, situada en la falda de la Sierra de Gredos y a 11 Km del nacimiento del río Tiétar, disfrutando de los bellos rincones que en nuestro paseo podamos descubrir, será quizás la mejor forma de conocer esta bella localidad, que goza de un entorno privilegiado en el corazón del Valle del Tiétar y del agradable microclima de esta zona, conocida como “La Andalucía de Ávila”
La Plaza del Riñón
Lugar de encuentro preferido por la juventud y lugar de reunión de los más mayores, es nuestro punto de partida para un paseo virtual por el pueblo.
Plaza de gran valor ambiental por la cantidad de arbolado que posee. Los zócalos y bordillos son de piedra natural.
En el Centro, una fuente y la dulce presencia de una niña. La niña de La Adrada, también conocida como Niña de la fuente .


Estanque, fuente y La Niña del agua de Luis Arencibia
La Casa del Tío Talís
Al dirigirnos hacia el centro de la villa, nos encontramos con una construcción que de seguro nos llamará poderosamente la atención por su sencillez y hermosura. Este edificio de planta irregular, acabado con piedra natural y teja cerámica, consta de dos plantas y buhardilla. Es el mejor ejemplo de la arquitectura tradicional en el pueblo. Sin duda alguna, una bella casa y una fotografía obligada de muchísimos visitantes.


La casa del Tío Talís (años 70). Fotografía de José Berlinches

Casa del Tío Talís. (Pintura al óleo de Conchi Roldán)
Ayuntamiento
La tonalidad de la piedra de este edificio construido a finales del siglo XVIII, con balcón, campanario y torre, hace resaltar el limpio azul del cielo y el tranquilizador verdor de sus montañas.

La Plaza
Con fuente del siglo XIX que chorrea agua limpia y fresca de la sierra por sus cuatro caños, fue en otros tiempos mercado, cine, corral de comedias y plaza de toros. Hoy es lugar de encuentro, paseo y baile en las fiestas.



Escudo de La Adrada. Detalle de la puerta del Ayuntamiento (Foto Roberto)






El árbol
Así reza el cartel:
El árbol de la Plaza de La Adrada es una Melia, cuyo nombre científico es “Melia azedarach”.
Nuestra querida querida Melia es actualmente un árbol viejo; por eso debemos cuidarlo procurando no herir su corteza ni contaminar la tierra que acoge sus raíces; es de hoja caduca y el tronco está cubierto de una corteza pardo grisácea con el fondo de pequeñas grietas ligeramente anaranjado.
La copa poco densa es de forma redondeada y está constituida por ramillas frágiles de corteza verde. De ellas brotan las grandes hojas que pueden ser simples o doblemente compuestas. Es importante no confundir las hojas con las hojuelas que las componen y que miden entre dos y cuatro centímetros, son de forma ovalada y el margen aserrado con dientes irregulares. Todas penden de largos rabillos y son de color verde oscuro.

Las flores aparecen de mayo a junio, son pequeñas y su color va del azul claro al lila; se agrupan en racimos y desprenden un olor agradable, al contrario que los frutos que no huelen muy bien. Dichos frutos se agrupan en racimos y tienen el aspecto de gruesos gigantes, primero verdes y más tarde amarillos; son tóxicos y con ellos se han confeccionado diversos productos insecticidas entre ellos lociones contra los piojos.
La Melia es un árbol resistente tanto a sequías como a heladas, pero no es demasiado longevo, pudiendo alcanzar alrededor de un siglo de vida. Su lugar de origen es amplio y se reparte entre Siria, Irán y China.
La madera de Melia es de buena calidad, recordando por su color a la de la lujosa caoba a cuya familia pertenece y da nombre (Meliáceas). La gran difusión de la Melia por el mundo, se debe a su valor ornamental, pero no debemos olvidar que es un árbol sagrado en su tierra de origen y que en muchos lugares de Europa, entre ellos España, los huesos de los frutos servían para confeccionar rosarios.
Las Escalerillas

Desde la plaza, subiremos por estas escaleras… las Escalerillas. Calle con construcciones tradicionales de piedra natural, enfoscado, teja, cerámica y carpintería de madera, que nos conduce a “El Torrejón”, barrio típico de La Adrada , y mirador desde donde se pueden divisar pintorescas y maravillosas vistas







La Torrecilla (ruinas)

El rodador
El Castillo

Prosiguiendo nuestro camino desde el Torrejón llegamos hasta el Castillo de La Adrada, situado en lo alto de una colina y resconstruído en 2002 sobre las ruinas de una antigua fortaleza que fue estancia temporal de Enrique III, Juan II, Enrique IV y Reyes Católicos.
La restauración pudo realizarse gracias a su cesión al Ayuntamiento de La Adrada por parte de la familia García Moreno, sus antiguos propietarios, y al impulso de varias instituciones que lo han transformado en el Centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar.
Acceso al palacio

Sobre este ábside de la iglesia, se levantó a finales del siglo XV , la torre del homenaje.

Interior del castillo, de planta rectangular, resultante de la unión de la iglesia gótica basilical de tres naves y del palacio.

Aljibe donde se recogía el agua de la lluvia, en el centro del patio porticado.

El mercadillo
Los martes y viernes podremos pasear y comprar en este tradicional mercadillo que se instala en las cercanías de La Plaza del Riñón.

La taberna
Es bueno, justo y saludable, hacer un alto en el camino, beber un buen vaso de recio vino tinto y saborear alguna tapa típica de la zona. Llegamos claro está a la taberna….“La Taberna Museo” (antes La Casa del Tío Pedrón), donde en un rústico ambiente de típica taberna castellana, puedes degustar una rica comida casera ….y naturalmente tomar el aperitivo deleitando el paladar con sus famosísimas y apetitosas “patatas revolconas”.



Restaurante familiar donde los paladares más contundentes pueden saborear:
Los deliciosos asados de cordero, cochinillo y cabrito, el rico solomillo, las judías blancas con chorizo, la sopa castellana, las patatas revolconas, los revueltos de ajetes, los huevos fritos con chorizo, la excepcional paella, los arroces a la pastora, a la zamorana, y a la marinera, la carne de ternera a la brasa, las truchas del Valle, los riquísimos estofados de patatas con pimientos o bacalao en puchero de barro… además de una larga lista de platos de encargo.
Todo ello en el ambiente rústico de esta típica taberna del pueblo serrano de La Adrada en donde se respira salud, se abre el apetito y se sacia con los mejores manjares caseros, cocinados al mejor estilo tradicional.




La Calle Larga y la Casa de Los Jerónimos
Calle señorial, con los edificios de mayor valor arquitectónico de la población. Forma una unidad a nivel compositivo en casi todo su trazado.
Durante siglos, la vía principal del pueblo en donde se encuentran la mayoría de las casas blasonadas de la localidad.
Comienza esta vía con esta casa del siglo XVI que perteneció a los frailes Jerónimos del Escorial. Su escudo representa la parrilla del martirio de San Lorenzo.



La Iglesia
En el interior de la iglesia, podremos contemplar un retablo de estilo barroco churrigueresco con seis columnas salomónicas,
donde destacan las figuras de El Salvador y San Blas.

Templo de clara influencia Herreriana, cuya construcción se comenzó a mediados del siglo XVI, bajo la dirección de Pedro de Tolosa, aparejador de las obras del Escorial.

La Ermita de la Virgen de la Yedra
Sencilla ermita ubicada en el parque de La Nava, en cuyo interior se guarda la imagen de la Virgen de la Yedra, patrona de La Adrada.

Quizás fue el segundo templo de La Adrada, después de la iglesia del castillo, y su construcción comenzaría en el siglo XVI sobre unas ruinas cubiertas de hiedra, en el lugar en que una antigua imagen de una Virgen que se veneraba en la abadía de Burgohondo, según la tradición, se apareció misteriosamente sobre un muro cubierto de hiedra a su sacristán de paso por La Adrada, allá por los siglos XII al XIV. También y siempre según la tradición, se sabe que a pesar de que la imagen fue devuelta en varias ocasiones a la abadía de donde procedía, la Virgen regresaba de nuevo a la Yedra. Estos sucesos convencieron a los adradenses para que la Virgen se quedara para siempre en La Adrada y fuera su patrona.



Interior de la Ermita (Foto: Helena Mendoza)

Interior de la Ermita (Foto: Helena Mendoza)






