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Concierto de Navidad de Camerata Cantábile

Concierto de Navidad de Camerata Cantábile

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Concierto de Navidad de Camerata Cantábile

Concierto de Navidad 2020

“2020 ha sido un año muy difícil a nivel mundial.  No solamente por la crisis sanitaria sino también por la crisis económica.

Y dentro del aspecto económico, se ha visto impactado de manera significante el mundo de la cultura, donde hay muchos profesionales que no han podido ejercer su labor – sean artistas, actores, cantantes, músicos, técnicos de iluminación y sonido, y un gran etcétera de profesionales ligados al sector.

La Camerata Cantábile es una agrupación amateur – y aunque no dependemos de la música para ganarnos la vida – sí que es una afición que nos une.  Como todos, hemos tenido que adaptarnos a las circunstancias, cambiando maneras de ensayar y de actuar.

Y estamos muy agradecidos al Ayuntamiento de La Adrada y al párroco D. Miguel Ángel, por permitirnos seguir ofreciendo nuestro tradicional concierto de Navidad que este año, se celebrará el sábado 26 de diciembre a las 20:30h en la iglesia del Salvador.

Este año, ofreceremos como siempre una selección de villancicos populares como Ya viene la vieja o En Belén tocan a fuego, seguido por una selección de coros del Oratorio El Mesías de G. F. Haendel – coros seleccionados del primer acto del Oratorio basado en la natividad del Señor.

Hemos seleccionado este oratorio y estos números porque hablan de la esperanza y de la nueva vida – esperanza que quisiéramos compartir con todos en anticipación de un 2021 de salud y bienestar para todos.”

Camerata Cantábile

La Ronda de La Adrada

La Ronda de La Adrada

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La Adrada

Bella y cercana, en un entorno natural

 

 

 

 

 

La Ronda de La Adrada

La ronda es una composición vocal corta donde todas las voces cantan la misma melodía en el mismo tono, y puede continuarse repitiendo indefinidamente hasta que los cantantes decidan concluir, pero en la que cada voz comienza a cantar una serie de tiempos después de la anterior, de modo que la melodía se imita a sí misma de forma similar al canon. (Wikipedia)

Esta forma musical que forma parte de la música popular de muchas regiones, también forma parte de la música tradicional de La Adrada.

“La Ronda, además de ser bonita y de pertenecer a nuestro folclore, forma parte de nuestras costumbres, de nuestras tradiciones y de nuestra cultura (…)
Afortunadamente, todavía quedan en La Adrada muy buenos cantaores de ronda, y muy buenos tocadores de guitarra y de bandurria. No voy a nombrar a ninguno porque todos sabemos quienes son. Lo mismo que sabemos que están dispuestos a enseñar a los jóvenes y a los niños. Y yo que canto muy mal, pero que sé muchas letras de la Ronda, desde estas páginas me ofrezco a enseñárselas a todo el que quiera aprenderlas”


Pablo Caamaño

A las puertas de la ermita, vecinos con muy buena voz acompañados de guitarra y bandurria entonan la ronda durante las fiestas de la Virgen de la Yedra en 2001.

La Ronda de La Adrada en imágenes antiguas para el recuerdo.
Video insertado desde la página de Piedralaves – Tiétar en You Tube.

 

Paisajes de La Adrada

Paisajes de La Adrada

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La Adrada

Bella y cercana, en un entorno natural

 

 

 

 

 

Paisajes de La Adrada

Comienza el día despertándote con la fresca brisa de la mañana entre cantos de pájaros en el ambiente rural tranquilo y relajado de este pequeño gran pueblo de La Adrada, que se caracteriza por un rico entorno natural de verdes llanuras, angostas gargantas con pequeñas cascadas, y pozas de agua cristalina.

Recorre sus caminos, sus impresionantes praderas y senderos, que nos pueden llevar a hermosas chorreras de agua como las del Charco de la Hoya o la Yega; lugares estupendos para realizar caminatas y paseos.

Los densos bosques de pinos, robles, castaños, sauces, alisos, y sus inmensas praderas, son ideales para las excursiones, en las que a pie o en bicicleta, también podremos contemplar ejemplares de grulla y cigüeña blanca. Todo ello constituye para la vista un bello espectáculo de flora y fauna.

En nuestro transitar podremos respirar aire puro, tomar el sol en invierno y en verano, escuchar el borboteo del agua en los regatos, deleitarnos con los colores verdes, amarillos y ocres de sus bosques, saborear entre finales de agosto y principios de septiembre algún fruto de sus higueras, e incluso refrescarnos cuando hace buen tiempo en alguna de sus gargantas.

Y si sabemos disfrutar del paisaje, del silencio y de los sonidos que la naturaleza nos brinda, nuestra mente sin duda se relajará.

La Adrada

Breve recorrido

Breve recorrido

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La Adrada

Bella y cercana, en un entorno natural

 

 

 

 

 

Breve recorrido

Pasear tranquilamente por esta villa situada en la falda de la Sierra de Gredos a 11 km del nacimiento del río Tiétar, disfrutando de los bellos rincones que en nuestro recorrido podamos descubrir, será quizá la mejor forma de conocer esta bella localidad, que goza de un entorno privilegiado en el corazón del Valle del Tiétar y del agradable microclima de esta zona conocida como «La Andalucía de Ávila».

INFORMACIÓN

La Plaza del Riñón
Esta pequeña plaza arbolada de gran valor ambiental, que es un punto de encuentro y lugar de reunión, va a ser nuestro posición de partida para un paseo virtual por el pueblo. Dispone de una fuente con un estanque en forma de riñón y de ahí viene el nombre con el que popularmente se la conoce.

La Niña de La Adrada y El gato
Esculturas, la primera en bronce y la segunda en hierro fundido, del escultor Luis Arencibia, donada por el artista al pueblo de La Adrada.


La Calle la Feria y La Casa del Tío Talís
En la calle la Feria, nos encontramos con una construcción que de seguro nos llamará poderosamente la atención por su sencillez y hermosura. Este edificio de planta irregular, acabado con piedra natural y teja cerámica, consta de dos plantas y buhardilla. Es el mejor ejemplo de la arquitectura tradicional en el pueblo. Sin duda alguna, una bella casa y una fotografía obligada de muchísimos visitantes.

Ayuntamiento
La tonalidad de la piedra de este edificio construido a finales del siglo dieciocho, con balcón, campanario y torre, hace resaltar el color azul del cielo y el relajante verdor de la montaña.

La Plaza
Con fuente del siglo diecinueve, que chorrea agua limpia y fresca de la sierra por sus cuatro caños, fue en otros tiempos mercado, cine, corral de comedias y plaza de toros. Hoy es lugar de encuentro, paseo y baile en las fiestas.

Comercio de la Tía Piedad

Comercio de la Tía Piedad

El grupo Alfoz de La Adrada, en una de sus actuaciones en La Plaza


El árbol

Así reza el cartel:
El árbol de la Plaza de La Adrada es una Melia, cuyo nombre científico es «Melia azedarach». Nuestra querida querida Melia es actualmente un árbol viejo; por eso debemos cuidarlo procurando no herir su corteza ni contaminar la tierra que acoge sus raíces; es de hoja caduca y el tronco está cubierto de una corteza pardo grisácea con el fondo de pequeñas grietas ligeramente anaranjado. La copa poco densa es de forma redondeada y está constituida por ramillas frágiles de corteza verde. De ellas brotan las grandes hojas que pueden ser simples o doblemente compuestas. Es importante no confundir las hojas con las hojuelas que las componen y que miden entre dos y cuatro centímetros, son de forma ovalada y el margen aserrado con dientes irregulares. Todas penden de largos rabillos y son de color verde oscuro. Las flores aparecen de mayo a junio, son pequeñas y su color va del azul claro al lila; se agrupan en racimos y desprenden un olor agradable, al contrario que los frutos que no huelen muy bien. Dichos frutos se agrupan en racimos y tienen el aspecto de gruesos gigantes, primero verdes y más tarde amarillos; son tóxicos y con ellos se han confeccionado diversos productos insecticidas entre ellos lociones contra los piojos.

La Melia es un árbol resistente tanto a sequías como a heladas, pero no es demasiado longevo, pudiendo alcanzar alrededor de un siglo de vida. Su lugar de origen es amplio y se reparte entre Siria, Irán y China. La madera de Melia es de buena calidad, recordando por su color a la de la lujosa caoba a cuya familia pertenece y da nombre (Meliáceas). La gran difusión de la Melia por el mundo, se debe a su valor ornamental, pero no debemos olvidar que es un árbol sagrado en su tierra de origen y que en muchos lugares de Europa, entre ellos España, los huesos de los frutos servían para confeccionar rosarios.
Las Escalerillas
Desde la plaza, subiremos por estas escaleras… las Escalerillas. Calle con construcciones tradicionales de piedra natural, enfoscado, teja, cerámica y carpintería de madera, que nos conduce a «El Torrejón», barrio típico de La Adrada, y mirador desde donde se pueden divisar pintorescas y maravillosas vistas.

El Castillo
Prosiguiendo nuestro camino desde el Torrejón llegamos hasta el Castillo de La Adrada, situado en lo alto de una colina y resconstruido en 2002 sobre las ruinas de una antigua fortaleza que fue estancia temporal de Enrique III, Juan II, Enrique IV y Reyes Católicos. La restauración pudo realizarse gracias a su cesión al Ayuntamiento de La Adrada por parte de la familia García Moreno, sus antiguos propietarios, y al impulso de varias instituciones que lo han transformado en el Centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar.

El mercadillo
Los martes y viernes en las cercanías de La Plaza del Riñón.

(Fotos de Mª Carmen Gil)

La Calle Larga y la Casa de Los Jerónimos
Calle señorial, con los edificios de mayor valor arquitectónico de la población. Forma una unidad a nivel compositivo en casi todo su trazado. Durante siglos, la vía principal del pueblo en donde se encuentran la mayoría de las casas blasonadas de la localidad. Comienza esta vía con esta casa del siglo dieciséis que perteneció a los frailes Jerónimos del Escorial. Su escudo representa la parrilla del martirio de San Lorenzo.

La Iglesia
En el interior de la iglesia, podremos contemplar un retablo de estilo barroco churrigueresco con seis columnas salomónicas, donde destacan las figuras de El Salvador y de San Blas.
Templo de clara influencia Herreriana, cuya construcción se comenzó a mediados del siglo dieciseis bajo la dirección de Pedro de Tolosa, aparejador de las obras del Escorial.

La Ermita de la Virgen de la Yedra
Sencilla ermita, magníficamente restaurada gracias a la contribución de los vecinos de La Adrada, que está ubicada en el parque de La Nava y en cuyo interior se guarda la imagen de la Virgen de la Yedra, patrona de La Adrada. Quizás fue el segundo templo de La Adrada, después de la iglesia del castillo, y su construcción comenzaría en el siglo dieciseis sobre unas ruinas cubiertas de hiedra, en el lugar en que una antigua imagen de una Virgen que se veneraba en la abadía de Burgohondo, según la tradición, se apareció misteriosamente sobre un muro cubierto de hiedra a su sacristán de paso por La Adrada, allá por el siglo trece. También y siempre según la tradición, se sabe que a pesar de que la imagen fue devuelta en varias ocasiones a la abadía de donde procedía, la Virgen regresaba de nuevo a la Yedra. Estos sucesos convencieron a los adradenses para que la Virgen se quedara para siempre en La Adrada y fuera su patrona.

Foto de Elena Mendoza

Foto de Elena Mendoza

Calles y paisajes
Siempre será placentero deambular por calles y rincones de La Adrada disfrutando de la belleza que al fondo ofrece la sierra, recordando aquello que decía el escritor y filólogo chino Lin Yutang, «La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad de la persona que lo mira».

Mirador astronómico

El Mirador Astronómico de Las Dehesillas es uno de los lugares abiertos más oscuros de La Adrada para disfrutar de la astronomía. Veremos la luna y el brillo de las estrellas con gran intensidad. Las constelaciones y la franja blanquecina de la Vía Láctea completan el espectáculo que podremos observar desde este lugar.
Observatorio
Observatorio

El castillo

El castillo

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La Adrada

Bella y cercana, en un entorno natural

 

 

 

 

 

El Castillo

y su Centro de Interpretación Histórica

Su origen se remonta al siglo XIV.

En lo alto de una colina, y sobre restos de un castillo que fue estancia temporal de  Enrique III, Juan II, Enrique IV y Reyes Católicos, se alza hoy este grandioso monumento felizmente restaurado gracias a su cesión al Ayuntamiento de La Adrada por parte de la familia García Moreno, antiguos propietarios del castillo, y al impulso de varias instituciones que lo han transformado en el Centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar.

Aquel castillo, cuyas ruinas hasta hace bien poco contemplábamos, se debió construir sobre otro más antiguo de origen romano (quizás también sobre un castro celtíbero anterior) y en donde, según la leyenda el rey Alfonso VI mantuvo un romance con la bellísima princesa Zaida, hija política de Abenabeth, rey de Sevilla, es decir Muhammad Abbad al´Mutamid (1040-1095). La bella dama se casó con el rey castellano, poco antes de conquistar Toledo;se acomodó en la corte castellana, renunció al islamismo, corriendo el riesgo de muerte que tal acción suponía entre los mahometanos, y se bautizó en Burgos con el nombre de Isabel.

Pero,según se relata en el libro Castillos de Segovia y Ávila de Javier Bernad Remon (Ediciones Lancia, 1990), el origen de este castillo,   parece provenir de finales del siglo XIV cuando el rey Enrique III concede la villa de Adrada al Condestable Ruy López Dávalos quien debió edificar este castillo de sillería y mampostería granítica aprovechando los restos anteriores o incorporando una iglesia , sirviendo como lugar de esparcimiento de la realeza y nobleza castellana que encontraban en los hermoso valles y montes que le rodean abundante caza, más que para acciones guerreras.

CARTEL EL CASTILLO DE LA ADRADA

Foto del castillo en febrero de 2000

El castillo en la actualidad

Puerta de entrada al castillo, a través del puente levadizo. A ambos lados se pueden observar los escudos de armas de Álvaro de Luna y Beltrán de la Cueva.

En el siglo siguiente se levantó la torre del homenaje y se construyó un gran cubo artillero para adoptar las defensas al uso, y ya en el siglo XVI, olvidadas y desaparecidas las banderías nobiliarias y los conflictos interiores, el castillo se transformó en palacio renacentista porticado según el uso castellano.

Su posesión pasa a manos de D. Alvaro de Luna, en tiempos del rey Juan II y tras su caída en desgracia y ejecución en 1453 forma parte de los bienes de la corona, hasta que su sucesor Enrique IV lo vuelve a ceder a manos nobiliarias en la persona de su favorito D. Beltrán de la Cueva quien lo mantiene para sí y sus sucesores con el título de marquesado en el siglo XVI. En el XVII pasa a la casa de Montijo familia que lo detenta hasta mediados del siglo XIX en que pasa a la de Alba.

Según se relata en  el libro “Castillos y fortalezas de Castilla y León”, de Fernando Cobos Guerra y Jose Javier de Castro Fernández, publicado por Edilesa, parece ser que este castillo de La Adrada, junto con el de Arenas de San Pedro y otras posesiones, estuvo en litigio entre Juana Pimentel (la viuda de Álvaro de Luna, conocida como “la triste condesa”) y el Marqués de Villena, que se quería casar a la fuerza con su hija María, y tomar posesión de sus tierras. La primera obtuvo la ayuda de Iñigo López de Mendoza (el futuro Marqués de Santillana, más famoso por su obra poética), que se casó primero con María. El rey Enrique IV requisó sus posesiones (incluyendo el castillo de La Adrada) el 10 de abril de 1461, pero Juana se sublevó. Según la crónica: “bastecio e pertrecho e puso gentes de armas de pie e de caballo en las fortalezas de Arenas e el Adrada … fasiendo movimientos e poniendo mayores bolliçios e escandalos”.

Al final fue derrotada, y el hijo del Marqués de Villena se casó con su nieta, pero retuvo el castillo de Arenas de San Pedro, mientras que el de La Adrada parece que pasó a poder de los duques de Albuquerque, ya que fue donado por el mismo Enrique IV a D. Beltran de la Cueva (el supuesto padre de “la Beltraneja”, según las malas lenguas). Junto con el de Mombeltrán (propiedad de la misma familia) controlaba la ruta entre Castilla la Vieja y Toledo.

De este castillo  solo quedaban ruinas, pero se ha podido restaurar gracias a la intervención de varios organismos europeos y españoles, con fondos F.E.D.E.R , con las aportaciones y el entusiasmo de La Junta de Castilla y León , La Diputación Provincial de Ávila y el Ayuntamiento de La Adrada . El resultado final de esta impresionante restauración, ha sido más espectacular de lo que en un principio esperaban quienes participaron en este proyecto, y ahora una vez concluido, nos permite hacernos idea de la importancia que ha podido tener esta fortaleza en la historia de La Adrada.

Las obras de restauración han permitido la rehabilitación de las murallas, la torre albarrana y el gran cubo artillero. Vista aérea (Javier del Toro Serrano)

Perspectiva del Castillo de La Adrada (Foto: Fernando Gómez) en la que se puede apreciar como desde lo alto de la colina, domina el pueblo y gran parte del Valle.

Panorámica del Castillo lado este y paisaje (Foto: Rodrigo Schulz).

Panorámica de la sierra desde el Castillo (Foto:Rodrigo Schulz).

La fortaleza se compone de un doble recinto amurallado y un foso exterior. En el primero de ellos se encuentra el núcleo fundacional del conjunto, la iglesia, de tres naves, mientras que sobre el ábside se construyó posteriormente un torreón que se configura como parte de la Torre del Homenaje.

El acceso al palacio ha sido reconstruido utilizando algunas piezas halladas en la excavación. La ventana está compuesta por dos arquillos con parteluz, recuadrados por una moldura de tipo islámico llamada alfiz. Corona el conjunto una ladronera, pequeña obra voladiza para el control vertical de dicha entrada.

Columnas de grandes dimensiones propias de una catedral.

Un templo gótico pasó a formar parte del conjunto palaciego. La iglesia formaba el núcleo central de la fortificación. Al ábside de mampostería, cubierto con una bóveda de ladrillo se accede por un gran arco de triunfo. Sobre este ábside se levantó a finales del siglo XV la torre del homenaje.

El interior del castillo, de planta rectangular, resultante de la unión de la iglesia gótica basilical de tres naves y del palacio, ha sido durante generaciones y hasta su restauración lugar de juegos y escondite de los niños de La Adrada.

Patio porticado del palacio, con dos plantas de galerías y estancias o pasadizos de estructuras adinteladas y abovedadas en sillería. En el centro boca de un aljibe abovedado subterráneo, de donde se recogía el agua de la lluvia.

Casa del Alcaide, con los zócalos de azulejos y baldosas hexagonales de barro recuperados en la excavación.

Desde la torre del castillo y mediante espejos que reflejaban la luz solar se transmitían mensajes que a través de una red de espejos llegaban en menos de dos horas al Reino de Granada.

Paisaje desde el Castillo
Paisaje desde el Castillo

Desde la cima donde se alza el castillo, se vigila el panorama forestal del municipio adradense y pueblos limítrofes. El recinto exterior mide 3.600 metros cuadrados, mientras que el interior ocupa 1.500

Los escombros de las ruinas han sido como un parapeto para la conservación de las piezas e inscripciones, además de haber permitido el descubrimiento de restos humanos.

Tumba encontrada en el interior del castillo.

En la planta que ahora se puede observar se conserva la estructura que pudo haber alcanzado la fortaleza a mediados del siglo XVI, cuando a la primitiva iglesia se le adosó, al sur, un pequeño palacio, la denominada Casa del Alcaide (compuesta por una sala con chimenea y una alcoba), una antepuerta, y elevando sobre el ábside eclesial la torre del homenaje, a la vez que se protegía el conjunto con una nueva cerca amurallada.

La marca del cantero en una de las columnas.

Las obras de restauración que han permitido la reconstrucción del interior y la recuperación de la casa del alcaide y otras dependencias de servicio, también han conseguido desenterrar varias estancias y dar con el hallazgo de numerosas piezas arqueológicas, como mosaicos, cerámicas, monedas y utensilios.

 

Gentes de todos los rincones del país, sobre todo visitantes madrileños, de Castilla y León, extremeños y castellano-manchegos, constituyen el núcleo de viajeros que diariamente se acercan para visitar el recinto del castillo.

El Castillo iluminado

La contemplación durante el día del Castillo de La Adrada asombra a quienes hace dos décadas veían en este lugar, únicamente ruinas de una antiquísima fortaleza. Durante la noche, con el alumbrado, la imagen del castillo se funde en la oscuridad, creando un clima de misterio, quizá como hace siglos, cuando las antorchas eran su única fuente de iluminación.

 

De distinta forma, en algunas celebraciones especiales, también se puede presenciar el castillo brillando de forma espectacular con el resplandor multicolor de los fuegos artificiales.

Centro de interpretación histórica

Para la propagación de la cultura, la historia, el proceso rehabilitador del propio castillo, el turismo y el entorno medioambiental del Valle del Tiétar, el castillo de La Adrada abre al público todas las mañanas, y también en las tardes de los sábados. En este lugar se celebran además a lo largo del año diversos actos culturales, como conciertos, exposiciones artísticas, obras de teatro, etc.

Ya dentro del castillo, El Centro de Interpretación Histórica Valle del Tiétar, recibe al visitante para mostrarle como ha evolucionado la fortaleza a lo largo de los siglos, constituyendo un punto de interés turístico y cultural que tiene como fin primordial divulgar la tradición y la cultura del Valle del Tiétar.

El centro dispone de una docena de estancias donde el viajero se puede empapar de historia sobre los primeros pobladores del valle, los vettones, -cazadores y recolectores de la segunda edad del hierro-, y de su vida en los castros. De las costumbres de los lugareños del valle a lo largo de los tiempos hasta hoy dan constancia las maquetas, textos e ilustraciones sobre la romanización, los visigodos, las invasiones musulmanas, los concejos, los señoríos y el mundo rural tradicional.

Diversos paneles ofrecen datos sobre la diversidad ecológica de la treintena de pueblos del sur de Ávila, Madrid y Toledo a los que da nombre el afluente del Tajo y en cuya depresión de 2.000 metros en la Sierra de Gredos se encuentran representadas prácticamente todas las regiones bioclimáticas. Las ilustraciones reflejan además con minuciosidad el mundo rural tradicional de los cerca de 170.000 habitantes del Valle, plagado ahora de urbanizaciones y viviendas.