Sociedad de Amigos del Jardín Botánico “Valle del Tiétar”
Con motivo de las fiestas patronales de El Salvador 2009, desde la Sociedad de Amigos del Jardín Botánico “Valle del Tiétar” queremos felicitaros reproduciendo un texto original de Luis Arencibia Betancort, director artístico de Leganés, artista polifacético y escultor, entre muchas otras obras, de la Niña del Pajarito de la Fuente del Riñon, que nos invita a dar:
 
UN PASEO POR EL BOTÁNICO
Por Luis Arencibia Betancort
En el hermoso tramo de carretera que une La Adrada con Piedralaves se encuentra la finca “La Pinochera”. Exactamente en el antiguo paraje de “La piedra del caballo”, en el kilómetro 21.600 de la 501. El lugar ha cambiado de nombre desde hace unos años y ahora responde al noble término de “Jardín Botánico Valle del Tiétar”. Entrar en este privilegiado espacio natural constituye una experiencia gratificante y educadora.

Entre aromas de abrótano y santolina, melisa y salvia, nos encontramos con la hermosa escultura de la Venus de Frejus, o de la manzana, ancestral Afrodita de los jardines que derrama su belleza entre azufaifos y enebros. En otro rincón, ocultando su pudorosa desnudez aparece la Venus de Canova, rodeada de cedros del Líbano, tilos y ailantos. Un busto del poeta oceánico Tomás Morales ondea su modernista cabellera junto a una increíble metasecuoya. El paisaje, lleno de albares, liquidámbares, ginkgos y robustas arizónicas, rezuma nostalgia y serena armonía.

En el paseo, el visitante se sorprende con los ejemplares de la broussonetia papirífera con la que hacían el papel en China, o resuelve su curiosa perplejidad ante los renombrados papiros que originaron vetustos libros.
Desde una tapia adornada de trepadoras, el hidalgo don León y Castillo observa escayolado a los sorprendidos visitantes en medio de una maraña de orégano, regaliz y menta. El admirable Axel nos atiende y explica los pormenores de cada planta, de cada árbol: Su procedencia, su historia, aplicaciones medicinales y si viene al caso su estética.
La visita a este singular Botánico del Tiétar ha sido una hermosa experiencia digna de compartirse, a lo que invito cordialmente a los lectores de estas líneas.

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