En pleno centro de la villa, con sus más de 122 años de historia, sigue vertiendo su fresca agua la fuente de la plaza, cuya construcción fue un sinfín de problemas y obstáculos

Diario de Ávila 4 de agosto de 2002
Edición Especial Fiestas de La Adrada

La fuente de la plaza, se ha convertido en uno de los símbolos de la villa de La Adrada

En el mismo corazón del pueblo, tan fresca y lozana, rematada por cuatro faroles, sigue chorreando agua, la más vieja del lugar. Es muy difícil, casi imposible que un adradense termine el día sin haber pasado al menos una vez por la plaza; y si pasa por ella y no mira hacia la fuente, es que está ciego, y aún así la notaría, oiría el agua que sale de sus cuatro caños que repiten, incesantes, las mil historias de las que fue testigo.Es la fuente de La Adrada, testigo de 122 años de la vida de la villa, un pueblo cargado de historia, de rico pasado, hermoso presente y prometedor futuro.

La fuente, según actas del Ayuntamiento, ya estaba rematada en noviembre de 1881. En aquel año, quizás en octubre, se inauguró oficialmente. Ilustra en este sentido un trabajo importante que hizo Carmen Caamaño especialmente para la conmemoración del centenario de la fuente.

Las que antes que esta ya existían en la localidad, estaban alejadas y solo los vecinos que vivían próximos a ellas, podía suministrase con cierta comodidad; la población de la villa aumentaba y el ayuntamiento de entonces (1879), ante la necesidad de facilitar el suministro, tomó la decisión de buscar manantiales con suficiente caudal y bondad para acercar el agua al centro del pueblo.

Buscadores de agua
Los primeros pasos llevaron a los expertos al lugar denominado La Frisla y Linares en busca de esos manantiales; pero las primeras prospecciones no dan los resultados esperados y toman el acuerdo de recabar los servicios de un perito cualificado, que envían desde Ávila. Fue el 3 de agosto de 1879 (parece que el verano es la mejor época para alumbrar los manantiales), cuando se inició la búsqueda, particularmente en el lugar llamado Venero de la Isla, pero sin resultado positivo, aunque nadie se desanimó y se oyeron los consejos de todos sobre los posibles lugares; entonces los pasos se dirigieron hacia el prado de Francisco Rodríguez, y en septiembre de ese año, se comunicó la buena nueva: el manantial del prado daba un caudal de 32 litros por minuto, suficiente para el consumo de la población y se empezaron a dar órdenes, a hacer planos,y a redactar los proyectos pertinentes.

El invierno impone su ley y los trabajos directos se paralizan, aunque no cesaron otras actividades con relación a la construcción y al lugar más idóneo. Como cosa curiosa, se sabe que el primer proyecto del arquitecto situaba la fuente en la pared del corral del Concejo, debiendo retranquearse para que el pilón donde han de verter los caños no sobresaliera de la pared.

Hay más retrasos por falta de fondos suficientes, pues los que había destinados a la fuente, tenían que ser empleados en la compra de trigo necesario para el sostenimiento de la población.

Meses más tarde, por medio de la recogida de piñas y su venta, más alguna corta de pinos extraordinaria, se volvió a tener fondos para continuar la obra.

Se trabaja con denuedo, se contratan expertos…Ya sólo queda por decidir el lugar exacto de su emplazamiento que, por unanimidad de los concejales (y en contra del arquitecto), se acuerda que sea en el centro de la plaza. Aún sin cesar los inconvenientes (materiales adecuados, expertos de solvencia… y dinero), poco a poco las obras se continuaron, utilizando la gente del pueblo bajo la dirección de un concejal y olvidándose de buscar especialistas en otros lugares.

En noviembre de 1881 ya hay un documento oficial que da fe de la terminación de las obras, lo que hace suponer que en ese mes, o quizás en octubre, se inauguró nuestra fuente.

El agua ya corría hace 122 años y aún continúa.

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