La contemplación durante el día del Castillo de La Adrada reconstruido, asombra a quienes hasta hace unos cuantos años veían en este lugar, únicamente ruinas de una antiquísima fortaleza.

Durante la noche, con el alumbrado, la imagen del castillo desde la lejanía se funde con la luz de la luna y las estrellas del firmamento, creando un clima de misterio, quizá como hace siglos, cuando las antorchas eran su única fuente de iluminación.