Hijo de Juan II y de María de Aragón (hija
del rey Juan II de Aragón), nació en Valladolid el 25 de enero del año
1424 y murió en Madrid el 11 de diciembre del año 1474.
Fue proclamado rey de Castilla y León el
23 de julio de 1454 en el castillo vallisoletano de San Pablo, apodado
'El Impotente'.
Siendo príncipe de Asturias, apoyado por
su gran amigo don Juan de Pacheco, contribuyó al desenlace del valido
de su padre don Álvaro de Luna.
Su prolongado reinado (1454 - 1474) estuvo
marcado por su falta de cualidades como monarca y por continuas guerras
civiles producidas por la gran oposición que tenía dentro de la nobleza.
Los primeros años de su gobierno se basó
en el cumplimiento de cinco puntos básicos:
<1> Reconciliarse con la nobleza.- Cerrar la brecha que su padre había abierto entre el trono
y la clase aristocrática.
<2> Consolidar la plataforma económica del reino.- Controlar el cobro de las rentas, tanto para el beneficio
del reino como para la hacienda privada del monarca.
<3> Aumentar el control de la monarquía.- Sobre las Cortes, ciudades y municipios.
<4> Conseguir la paz con los reinos limítrofes.- Con los reinos cristianos vecinos, así como con Francia
y Portugal.
<5> Reiniciar la guerra contra los musulmanes.- Combatir contra la Granada nazarí, en este punto tuvo una
oposición generalizada.
Enrique IV en marzo de 1455 convocó a Cortes
en Cuéllar (Segovia) para trasmitir el nuevo programa político de la
corona, además de recaudar impuestos.
En esta reunión destacó como figura relevante don Juan Pacheco que aspiraba
a ocupar el papel de Condestable que ocupará don Álvaro de Luna con
su padre.
El papel de don Juan Pacheco encontró grandes recelos entre la nobleza
y la Iglesia, temiendo que se erosionaran sus privilegios y prebendas.
De cualquier forma, Enrique IV se rodeo
de personas fieles a su persona y a su acción de gobierno, destacando:
El Condestable del reino don Miguel Lucas de Iranzo, el Contador Mayor
del reino don Diego Arias, y el valido Beltrán de la Cueva una vez que
cayó en desgracia don Juan Pacheco (marqués de Villena).
En 1455 se lleva a cabo dos acciones militares
contra Granada con un gran esfuerzo económico y humano. Estas campañas
militares originan un gran descontento entre la nobleza y el alto clero.
Los nobles castellano - leoneses y el primado de Toledo Alfonso de Carrillo,
acusaron al rey de malversación de los subsidios recibidos en Cuéllar.
La nobleza, los clérigos y las ciudades (esquilmados económicamente
por el monarca) dirigieron los ataques contra los nobles colaboradores
del monarca, siempre liderados por el ambicioso marqués de Villena.
El marqués de Villena se hace cargo de los asuntos del reino en 1457,
dando comienzo una guerra abierta con el arzobispo de Toledo Alfonso
de Carrillo y el conde de Haro, entre otros.
El marqués de Villena para neutralizar la oposición utiliza múltiples
mecanismos:
· Fuerza a Enrique IV a buscar una alianza aragonesa con Juan
II de Navarra, hijo del monarca aragonés Alfonso V 'El Magnánimo'.
· Busca el respaldo papel, tanto Calixto III como su sucesor
Pío II, legalizan la acción de gobierno de Enrique IV. Con sendas bulas,
le autorizan a distribuir los fondos de cruzada como quisiera, eliminando
las quejas de los nobles en cuanto a la utilización de los impuestos.
· Villena se rodeo de un equipo fiel a su persona para que
apoyasen sus decisiones, entre las que se encontraban su hermano Pedro
Girón (maestre de Calatrava) y los condes de Plasencia y Alba.
· Para consolidarse él mismo y Enrique IV en el poder, incrementó
su propio patrimonio, bien practicando la apropiación de la fortuna
de los nobles rebeldes, bien a la práctica de una política matrimonial
bien planificada.
Juan II de Aragón fue proclamado rey de
Aragón desde mediados del año 1458, rompiendo el pacto de amistad firmado
con el monarca castellano.
A la reacción de los nobles contra Enrique IV se unió Juan II de Navarra
y Aragón, dando más fuerza a la oposición regia.
Enrique IV al enterarse del movimiento opositor
de los nobles decidió atacar, el marqués de Villena frenó la maniobra
mientras entablaba negociaciones secretas con los cabecillas de la facción
de los nobles.
En agosto de 1461, el marqués de Villena medió con Enrique IV para que
firmara una paz onerosa con la nobleza opositora, el pacto vejatorio
conllevaba que personalidades del partido opositor entrasen en el Consejo
Real.
El matrimonio de Enrique IV y doña Blanca
de Navarra era declarado nulo.
En 1455 contraía segundas nupcias con doña Juana de Portugal.
Del nuevo enlace nació en 1462 la heredera doña Juana 'La Beltraneja'
que en un futuro sería la causa de la guerra civil por la sucesión del
trono.
Enrique IV más seguro, comenzó a distanciarse
de sus colaboradores más directos (el marqués de Villena cae en desgracia)
buscando el apoyo de otros nobles.
Beltrán de la Cueva y Pedro González de Mendoza entraron a formar parte
del Consejo Real, neutralizando la influencia de la facción proaragonesa.
Habiendo entregado el poder a los Mendoza, el monarca Enrique IV desató
nuevamente la guerra civil en Castilla y León.
El marqués de Villena, junto con Alfonso
de Carrillo, y su hermano Pedro Girón, forman una coalición contra Enrique
IV con la disculpa de que éste no asesinara a su hermano el infante
don Alfonso.
La coalición tuvo un éxito considerable,
Enrique IV se vio obligado a negociar con el marqués de Villena, hecho
que mino más la autoridad regia.
Con el apoyo de Juan II de Aragón, la coalición se reunió en la ciudad
de Burgos, se nombró al infante Alfonso príncipe heredero negando que
su hija Juana tuviera el derecho legítimo de heredar el trono, a la
vez que achacaron su paternidad al nuevo valido del rey, don Beltrán
de la Cueva, en un claro intento por desprestigiar a Enrique IV y a
su descendencia.
Enrique IV tratando de arreglar el asunto pretendió concertar el matrimonio
entre Juana y su hermanastro Alfonso, pero la coalición no aceptó. Se
planteo la proyección de un vasto programa político, en donde hacia
referencia a la libertad plena para las ciudades a la hora de la elección
de sus propios procuradores en cortes.
Las distintas reivindicaciones de la coalición fueron firmadas por todos
sus componentes más relevantes a mediados de mayo de 1464 en la localidad
de Alcalá de Henares.
Enrique IV en una posición debilitada, termino reconociendo las exigencias
de la coalición, permitiendo la celebración de una comisión compuesta
por personas de ambos partidos, encargada de pacificar el reino. De
la celebración salió la sentencia de Medina del Campo, firmada el 16
de enero de 1465, claramente desfavorable para Enrique IV.
Refugiado en Zamora, Enrique IV solicitó
la ayuda portuguesa para combatir a los nobles, acelerando las negociaciones
matrimoniales entre su hermanastra la princesa Isabel y el rey Alfonso
V de Portugal. Se encargo de anular la sentencia de Medina de Campo.
Los nobles adheridos al monarca se fueron pasando a la coalición de
nobles rebeldes. En junio de 1465, a las afueras de Ávila, depusieron
a Enrique IV nombrando al infante Alfonso como nuevo monarca.
En la 'Farsa de Ávila' se encontraban casi todos los linajes del reino:
don Alfonso Carrillo Albornoz (arzobispo de Toledo), don Álvaro de Zúñiga
(conde de Plasencia), don Rodrigo Pimentel (conde de Benavente), don
Diego López de Zúñiga, y muchos otros.
Enrique IV ante tal situación, pudo formar
un ejército fiable gracias al apoyo de la Hermandad General y algunos
poderosos nobles (los Mendoza y los Alba). El ejército derrotó en varias
ocasiones al ejército rebelde de los nobles (disperso y descoordinado
por intereses particulares). La guerra cruel entre hermanos se prolongó
tres años, termina con la muerte del pretendiente don Alfonso en 1468.
Los últimos años de Enrique IV se vieron
constantemente dominados por el problema de la sucesión.
En 1468, con el Pacto de los Toros de Guisando,
Enrique IV reconoció oficialmente a su hermana Isabel como heredera
al trono, en perjuicio de los legítimos intereses de su hija doña Juana
'La Beltraneja'.
El matrimonio, en octubre de 1469 en Valladolid,
de Isabel con Fernando (heredero aragonés) no contaba con la aprobación
de Enrique IV, que decidió anular lo pactado en los Toros de Guisando,
proclamando a su hija doña Juana como heredera al trono, así como el
juramento público de Enrique IV y de Juana de Portugal sobre la legitimidad
de su hija.
Tras la muerte del rey Enrique IV el 11 de diciembre de 1474, el reino
en su totalidad se vio sumergido en una tremenda guerra sucesoria, entre
Isabel y Fernando por una parte, y los partidarios de doña Juana 'La
Beltraneja' por otra.