Comentario de: Erasmus
Hace más de veinte años que no regresaba a La Adrada. Desde el día en que me fui, siempre he guardado en mi memoria el encanto de un precioso pueblo y de la calidez de sus gentes.
Estuve el último fin de semana de agosto recorriendo sus calles, recordando rincones en los que jugué en mi niñez, admirando lo bien que se está reconstruyendo el castillo.
Pero, lamentablemente, también pude comprobar el alocado crecimiento de nuevas urbanizaciones, la presencia de bastantes casas, sobre todo en el casco antiguo, en malas condiciones, las calles muy mal pavimentadas.
En cuanto a los bellos parajes que recordaba, recibí una fuerte impresión al comprobar el deterioro por falta de limpieza de algunas zonas; en especial la suciedad que pude observar en el entorno de la presa grande, donde además de latas, textiles, plásticos, también había escombros de algún baño.
Otro camino, que está de pena, es el camino forestal que sube a la urbanización Castaños de la Villa; donde se pone a prueba la pericia del conductor que ose hacer uso de ese camino.
Recuerdo que hace años, incluso en verano, las gargantas mantenían un exiguo caudal, pero lo que he visto ahora es la más absoluta sequía.
En difinitiva, ladrillos a mansalva, deterioro de edificios, calles levantadas por falta de mantenimiento, escasez de agua, montes sucios o abandonados, y lo que más me entristece es que estos problemas tendrán una difícil solución si, como he oído, los políticos de La Adrada no ven mas allá de su ombligo o sus consignas son las dictadas por su partidos políticos, en lugar de solucionar los problemas del municipio.
Erasmus
La Adrada, 2006

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